martes, 14 de abril de 2015

Tristeza en las venas de América Latina


- Las letras y la conciencia crítica están de luto. Eduardo Galeano nos dejó a los 74 años pero un legado de obras fundamentales quedará como su memoria, eterna.
Jorge Choque
Servindi, 13 de abril, 2015.- Falleció el periodista, escritor y ensayista uruguayo Eduardo Galeano. El autor de 74 años estuvo internado en el hospital CASMU de Montevideo, Uruguay, debido a los malestares que le ocasionaba un cáncer pulmonar.
En una de las últimas entrevistas concedidas a la televisión española sostuvo: “No vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia”, dijo al periodista catalán Jaume Barberá, en el programa Singulars del Canal 3 de Barcelona.
Entre los mayores legados que deja el prolífico autor está el famoso ensayo periodístico Las venas abiertas de América Latina, obra publicada en 1971, cuando tenía 31 años.
En dicho texto expone mediante crónicas y narraciones la serie de saqueos de los recursos naturales de la región latinoamericana por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y de los Estados imperialistas como el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX hacia adelante.
Un pasaje memorable sobre esta obra es aquella en que el fallecido ex presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le obsequió el libro a su par norteamericano Barack Obama durante La V Cumbre de las Américas el 2009, hecho que ayudó a que sea uno de los primeros libros en la lista de ventas por Internet (1).
El libro, cabecera de todo aquel que adhiera a una conciencia progresista en Latinoamérica, fue reeditada de modo permanente desde su primera edición y recibió mención honorífica del Premio Casa de las Américas.



Sus personajes son figuras históricas, generales, artistas, revolucionarios, obreros, conquistadores y conquistados, quienes son presentados en episodios breves que reflejan, a su vez, la historia colonial del continente.
Base de la cultura de la conciencia latinoamericana moderna, se hace referencia a ella y a su autor en numerosas canciones, películas y libros. Desde 1997, las ediciones cuentan con prólogo de Isabel Allende.
A 43 años de su edición original, Galeano afirmó que “no sería capaz de leer el libro de nuevo”, y agregó que “esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”.
Luego, confesó que cuando escribió el libro “no tenía la formación necesaria”, y que si bien no está “arrepentido de haberlo escrito”, afirmó que es “una etapa que está superada”. Por si fuera poco, sostuvo que el libro fue escrito “sin conocer debidamente de economía y política”. (2)
Sin embargo, de acuerdo con la Wikipedia, el autor aseguró más de una vez que no se arrepiente en nada de lo que escribió en este libro que algunos coterráneos han llegado a llamar “la Biblia Latinoamericana”. (3)
“Me siento muy orgulloso de haberlo escrito. Este libro ha sido una confirmación indudable de que escribir no es una pasión inútil. Eso es un gran estímulo para seguir trabajando. Pero por otro lado, el libro me pesa como un ancla, marca un estándar que me siento obligado a alcanzar una y otra vez y aunque eso puede ser motivador, a veces es frustrante”. (4)


Entre la academia y la obra

Antes de convertirse en un intelectual destacado de la izquierda latinoamericana y global, Galeano trabajó como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros oficios.
Hombre declarado de izquierda, Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de setiembre de 1940 y desde muy joven comenzó a trabajar en los medios gráficos.
Se inició como dibujante bajo el seudónimo de Gius, la pronunciación de su primer apellido, vendiendo a los 14 años su primera caricatura al semanario socialista El Sol y a los 20 años ya era secretario de redacción de Marcha.



Pese a que formó parte de una familia de clase alta y católica de ascendencia italiana, española, galesa y alemana, siempre fue un militante de izquierda independiente. Durante la dictadura fue encarcelado y obligado a dejar Uruguay. En Argentina tampoco fue bien recibido. Los escuadrones de la muerte lo condenaron a muerte.
Cada vez más interesado en la situación política contemporánea, en ese período dio a conocer en volumen China 1964, Crónica de un desafío (1964), Guatemala, clave de Latinoamérica (1967) y Reportajes (1967). También publicó una breve novela, Los días siguientes, y un libro de cuentos, Los fantasmas del día del león.
En 1973 se exilió en Buenos Aires, donde fundó la revista Crisis, que también dirigió. El escritor debió dejar también Argentina cuando la dictadura llegó al poder, en 1976, y vivió en Barcelona, España, hasta que regresó a Uruguay en 1985 con el retorno de la democracia.
Galeano también escribió la serie ”Memorias del Fuego“, con la que intentó contar el desarrollo de América Latina a través de leyendas y detalles olvidados por la historia oficial, El libro de los abrazosPatas arriba.



Galeano obtuvo el premio Casa de las Américas en dos ocasiones -en 1975 y en 1978- y en 2010 recibió el prestigioso reconocimiento sueco Stig-Dagerman, “porque su escritura apoya en forma inquebrantable a todos aquellos que están marginados y condenados”.
Entre 1987 y 1989, integró la Comisión Nacional Pro Referéndum, constituida para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los crímenes cometidos durante la dictadura militar en su país (1973-1985). (5)

El hombre político

Galeano fue siempre un referente de la literatura defendida por los votantes del izquierdista Frente Amplio, hoy en el gobierno uruguayo, tanto que durante la campaña de las elecciones presidenciales del año pasado, el Partido Nacional anunció que si llegaba al gobierno no permitiría que solo se promocionara a Mario Benedetti o a Eduardo Galeano como ejemplos de las letras uruguayas.
“En los últimos años la cultura oficial ha reducido el cultivo de nuestra propia tradición cultural y lo ha sustituido con una fuerte insistencia en unas pocas figuras: Torres García y Figari en las artes plásticas (dejando de lado al Figari pensador), Benedetti y Galeano como representantes de las letras contemporáneas”, se quejaba en su programa de gobierno el partido Nacional. (6)




Las Venas abiertas de América Latina

“Tempestades horribles jugarían con sus naves, como si fueran cáscara de nuez, y las arrojarían a las bocas de los monstruos; la gran serpiente de los mares tenebrosos, hambrienta de carne humana, estaría al acecho. Solo faltaban mil años para que los fuegos purificadores del Juicio Final arrasaran el mundo, según creían los hombre del siglo XV, y el mundo era entonces el mar Mediterráneo con sus costas de ambigua proyección hacia el África y Oriente. Los navegantes portugueses aseguraban que el viento del oeste traería cadáveres extraños y a veces arrastraba leños curiosamente tallados, pero nadie sospechaba que el mundo sería, asombrosamente multiplicado”.
Así empieza la primera parte de la obra Las venas abiertas de América Latina, anunciando y describiendo los viajes por mar de lo que sería luego la conquista de América por parte de españoles y portugueses, dando lugar a un largo periodo de extirpaciones de riquezas de antiguos pueblos de esta región.
En el ensayo Galeano desenvaina la espada apuntando hacia la ola de inversiones mineras, energéticas y otros sectores por parte de grandes multinacionales de Estados Unidos y Europa en países en desarrollo de América Latina, una continuación histórica del saqueo que ya venían realizando desde el antiguo modo de operar sobre todo europeo en la Colonia.
“El intercambio desigual funciona como siempre: los salarios de hambre de América Latina contribuyen a financiar los altos salarios de Estados Unidos y de Europa. No faltan políticos y tecnócratas dispuestos a demostrar que la invasión del capital extranjero «industrializador» beneficia las áreas donde irrumpe”, dicen algunas líneas de la obra.
La obra también plantea el problema del deseo colonizador por el oro y la plata sino además por los productos agrícolas, como lo señala este fragmento.
“La búsqueda del oro y de la plata fue, sin duda, el motor central de la conquista. Pero en su segundo viaje, Cristóbal Colón trajo las primeras raíces de caña de azúcar, desde las islas Canarias, y las plantó en las tierras que hoy ocupa la República Dominicana. Una vez sembradas, dieron rápidos retoños, para gran regocijo del almirante. El azúcar, que se cultivaba en pequeña escala en Sicilia y en las islas Madeira y Cabo verde y se compraba, a precios altos, en Oriente, era un artículo tan codiciado por los europeos que hasta en los ajuares de las reinas llegó a figurar como parte de la dote”
Las tierras de América ricas en cultivo, en bosques y en animales son temas que Galeano expone desde un enfoque de usurpación de tierras, manejo irresponsable de ellas y devastación ocasionada por colonizadores y empresas extranjeras que aprovecharon las nulas armas físicas y legales de los pueblos.
“Las tierras fueron cedidas por la corona portuguesa, en usufructo, a los primeros grandes terratenientes de Brasil. La hazaña de la conquista habría de correr pareja con la organización de la producción. Solamente «doce capitanes» recibieron, por carta de donación, todo el inmenso territorio colonial inexplorado, para explotarlo al servicio del monarca. Sin embargo, fueron capitales holandeses los que financiaron, en mayor medida, el negocio, que resultó, en resumidas cuentas, más flamenco que portugués…”.
Luego de que en 1654 la Dutch West India Company invadiera y conquistara la costa nordeste de Brasil para asumir directamente el control del producto, y luego de expulsados los holandeses –cuenta la obra-, se llevó a cabo en las Antillas un cultivo descontrolado a gran escala lo que produjo funestos rezagos.
“El azúcar había arrasado el nordeste. La franja húmeda del litoral, bien regada por las lluvias, tenía un suelo de gran fertilidad, muy rico en humus y sales minerales, cubiertos por los bosques desde Bahía hasta Ceará. Esta región de bosques tropicales se convirtió, como dice Josué de Castro, en una región de sabanas. Naturalmente nacida para producir alimentos, pasó a ser una región de hambre. Donde todo brotaba con vigor exuberante, el latifundio azucarero, destructivo y avasallador, dejó rocas estériles, suelos lavados, tierras erosionadas. Se habían hecho, al principio, plantaciones de naranjos y mangos, que «fueron abandonadas a su suerte y se redujeron a pequeñas huertas que rodeaban la casa del dueño del ingenio, exclusivamente reservadas a la familia del plantador blanco». Los incendios que abrían tierras a los cañaverales devastaron la floresta y con ella la fauna; desaparecieron los ciervos, los jabalíes, los tapires, los conejos, las pacas y los tatúes. La alfombra vegetal, la flora y la fauna fueron sacrificadas, en los altares del monocultivo, a la caña de azúcar. La producción extensiva agotó rápidamente los suelos”.




FUENTE.
http://servindi.org/actualidad/127729?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Servindi+%28Servicio+de+Informaci%C3%B3n+Indigena%29

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